Verás que todo es mentira

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Lo insoportable de la tele-basura no es lo que tiene de mentira, sino lo que tiene de verdad. No me hagan mucho caso en los detalles, pero más o menos la historia que quiero contarles es así: doña Puri, que llamaba desde El Ejido expresó su indignación por un montaje. Por lo que pude entender se trataba de los siguiente: un famoso -lo será en casa de doña Puri porque yo no tengo ni idea de quién es- declaró haber mantenido relaciones de cama con una famosa, mientras que ésta estaba casada con un tercer famoso, torero creo.

Entonces, la famosa airada declaró que este señor era un vanidoso, porque qué más quisiera él; y un mentiroso, porque ella siempre le fue fiel al torero. Al final, un avispado detective-periodista de la cadena rival, que era la que recibía la llamada de doña Puri, había descubierto que todo era un montaje de ambos para salir en la tele. Indignada, Doña Puri elevaba la voz para protestar por tanta mentira en televisión.

Perdonen mi intromisión moral en estos asuntos, pero me parece peor la exigencia de veracidad de doña Puri que la mentira orquestada por los dos famosetes. La mentira tuvo una antigua y limpia función que consistía en burlar lo real. Los Magos llegaban de Oriente, Aladino volaba en una alfombra, y nadie le preguntaba a los literatos si sus personajes se correspondían o no con los personajes locales. La verdad como exigencia quedaba reservada para los ensayos y la prensa. Un periodista, un científico o un historiador no podían mentir. Un literato, en cambio no podía hacer otra cosa que mentir. Es por esto por lo que se distinguía entonces entre escritores (los que no podían mentir) y literatos (los que sí). Hoy la verdad ha invadido lo literario y esto no sería tan grave, si no fuese porque al mismo tiempo la mentira ha invadido la prensa, la ciencia y el ensayo. A los literatos, si quieren el beneplácito de la crítica realista y mesetaria, se les exige que no escriban sobre alfombras voladoras, ni santos milagreros; que ambienten las novelas en la realista Rioja y no en el mágico Ríotinto; y que den por supuesto que don Pelayo era rey de España, Almanzor extranjero, y Felipe II, un rey liberal. De esta forma, puede sostenerse que la cerveza no engorda, puede Rajoy decir que la guerra de Iraq obedeció al mandato de Naciones Unidas, y puede Del Castillo decir que conoce bien los problemas de Granada.

Sin saberlo, doña Puri ha hecho lo que esperan de ella, porque protestar por la falta de verdad en un programa de entretenimiento es tolerar la mentira en un medio de información. Protestar porque no te enteras de los amoríos de toreros equivale a tolerar que nadie responda por la guerra y el genocidio. Y encima agradecidos, porque por aquí la mentira sólo nos castiga con diputadas paracaidistas y barrigas cerveceras. En otros lugares, te matan por un trozo de dignidad o de pan; o por equivocarte de patria, es decir por un trozo de mentira.


 

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