Siddhartha

8ee107fb8e11fa27c5eb0c84c03d7dff

En una entrevista me preguntan por libros que me han marcado. Me gusta la pregunta y me pongo a redactar mi propia lista. Me llama la atención que entre mis finalistas a bote pronto me aparecen varios libros leídos a los quince, entre ellos Siddharta de Hermann Hesse.



Hasta ahora no había visto la adaptación cinematográfica de esta obra que hizo Conrad Rooks en 1972. Tal vez por eso, me he dado cuenta de que el libro más que leerlo me lo bebí. Como se beben los libros en los veranos de la adolescencia.

Todo fluye y todo retorna. La mutación perpetua y el eterno retorno. Esas dos son las ideas centrales del budismo, las de la adaptación literaria de Hesse para un público alemán de comienzos del siglo pasado y de la cinematográfica de Rooks para un público americano o americanizado. Pero las dos afirmaciones no pueden ser verdaderas al mismo tiempo.

Si todo fluye nadie puede bajar dos veces al mismo río, pero si todo retorna, el río girará y en un punto del eterno ciclo volverá a ser el mismo río que ahora vemos. Si todo fluye, jamás alcanzaremos a ver el coloso de Rodas. Si todo retorna, volverá el ágora de Elvira a acoger nuestras discusiones impulsivas. Si todo fluye, nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar, pero si todo retorna volveremos a galopar encarnados en un centauro. Si todo fluye Atenas, Alejandría y Roma yacen para siempre bajo los asfaltos del siglo XX, si todo retorna volverá Gabirol a Granada y visitará a José en el Palacio de los Leones. Si todo fluye, terminó el espantoso insomnio de anoche y nadie debe atender más a las pesadillas. Si todo retorna, más vale mirar con minucia en la entrevela, porque el monstruo volverá a la hora que toque, con el rostro renovado. Si todo fluye es mejor dejarse llevar, no pensar, no analizar, porque eso sería resistencia al tiempo y sólo somos tiempo. Si todo retorna, más vale estudiar los algoritmos del ciclo para saber cuando volverá a pasar el aire cálido de abril, cuando volverá a subir el tranvía por las calles de Lisboa, cuando volveremos a recorrer la playa atlántica y desierta.

Habré escrito una docena de veces la palabra ‘todo’ en el párrafo anterior. Sin embargo, estoy convencido (con Adorno, contra Hegel) de que el todo es lo no verdadero. Por aquí se puede resolver el enigma de Siddhartha: es lo no verdadero lo que fluye y es lo no verdadero lo que retorna. Luego lo verdadero también. Problema resuelto. Sólo quiero saber si la siesta calurosa de agosto de 1976 en la que yo leía Siddhartha sobre mi cama, en la casa de mis padres, con la luz rotunda que se metía por las rendijas de la persiana, volverá o no volverá. Según Pitágoras esa tarde está perdida en algún punto de la serie de cifras circulares que forman el universo. Si alguien la encuentra que la viva como si fuera suya. Aunque se parece mucho a la felicidad, puedo regalarla porque a mí me retorna cada vez que observo como fluye el tiempo.


 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>