Reivindicación del largo invierno

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Esta tarde hay algo extraño y agradable en la atmósfera. Miro a mi hija que se sienta de espaldas al balcón y hace los deberes. Va murmurando números mientras con su dedo pulgar recorre las yemas de los otros. Hace cuentas cuyo sentido ignora. De vez en cuando se acaricia el pelo distraída. Está preciosa. De la calle sube ruido de voces de niños que juegan. Todavía quedan hojas amarillas del pasado otoño, pero los jazmines están floreciendo ya. El sol se pone y comprendo ahora lo que la luz tiene de extraño: es una luz de primavera. Y estamos en enero.

The Silent Spring (Primavera silenciosa) es el título que eligió Rachel Carson en 1962 para el libro que habría de convertirse en precursor del ecologismo contemporáneo. A pesar de que a veces incurre en retórica apocalíptica, el libro nos parece hoy, cuarenta y cinco años después, suave. Puede decirse que hemos visto cosas mucho peores que el DDT que tanto preocupó a Carson. Hemos visto la sequía, los incendios forestales, la caída de la biodiversidad, la destrucción del paisaje, el incendio destructor de las guerras más crueles de la historia, la tala del Amazonas y la desaparición del bosque tropical africano.

Pero todo esto lo hemos visto en la televisión. Hoy, sin embargo, la primavera ya está aquí y estamos en enero. Algo ocurre. El cambio climático no es sólo calentamiento global, ni sólo el camino hacia una nueva era glacial, sino probablemente las dos cosas a la vez y algo más: la locura climática. Los cerezos floreciendo en Nueva York y los celindos en el Albayzín. Los osos sin hibernar y un verano gélido de cuya probabilidad y proximidad ya nadie puede descreer.

Detesto el invierno desde que tengo memoria, pero no me alegra esta primavera anticipada. El sabio catalán de Cien años de soledad enseña a los últimos jóvenes de Macondo que la primavera más desaforada y tenaz es una verdad efímera. Reivindico un largo y oscuro invierno para que esta advertencia de viejo vuelva a tener sentido.


 

One thought on “Reivindicación del largo invierno

  1. Entre la primavera anticipada de este envenenado planeta y los deberes escolares tras contrapuestos ventanales de
    de estos preocupantes inviernos, siempre el dilema. Por un lado, el disfrute de la bella primavera que se regodea en la calle y de nuestros propios hijos o nietos. Por otro, la duda de si estas efímeras y anacrónicas estampas, no pasarán gravosa factura a tan ingénua prole.
    Me vuelve alegrar que el escrito me provoque la necesidad de expresar lo sentido.
    Antonio

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