Recordar a Galileo

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El gobierno norteamericano de Bush rezaba antes de deliberar para pedir la inspiración divina. Bush sigue convencido de que la invasión de Iraq fue querida por Dios. Las tres religiones del Libro no se llaman así por usar un texto escrito, sino por creer que el mundo es un gran libro escrito por Dios.

Si el universo es un libro escrito por Dios, entonces cada letra ocupa el lugar que le corresponde y no puede ocupar ningún otro. Todo está donde debe, todo debe quedarse donde está. La consecuencia política es que quien se rebela contra el orden, se rebela contra Dios: el disidente peca. Así se entiende todavía en algunas teocracias, pero así fue hasta no hace tanto en las democracias.

Galileo sostuvo que el Gran Libro no estaba escrito con letras, sino compuesto de figuras geométricas y números, y lo quemaron. No lo hicieron tanto por haber cambiado la caligrafía por geometría, sino más bien porque en el fondo lo que sostenía Galileo es que el mundo lo interpreta y lo debe gobernar quien sabe de números (la ciencia) y no quien sabe de letras (el clero).

Si el mundo es un libro, entonces cada acontecimiento es la ejecución de un estricto guión, la representación ciega de un drama secreto. Luego todo lo que ocurre, ocurre porque tiene que ocurrir y no puede ocurrir de otra forma. El futuro es tan inamovible como el pasado.

La cábala es una versión de todo esto. Los cabalistas creen que el Libro tiene más sentidos de los que expresa y dedican su vida a encontrarlos. Hasta las erratas de la Biblia deben tener una gramática oculta. Una sintaxis inabarcable rige el universo. Esa lengua es la que perdimos en el Edén. La cábala islámica va todavía más lejos. Todos los libros están en el Libro. Todo el Corán en su prefacio. Toda la Fatiha en la primera oración. Todo el bismilá, en su primera letra. Y todos los libros escritos jamás están en el punto que hay debajo de la primera letra.

Creer esto no es más irracional que creer en otras cosas que creemos y además es más estético. El determinismo moral es bello. Hagas lo que hagas te equivocarás. No hay lugar para la decisión. No hay sitio para la ética. Ni para la política. La invasión de Iraq estaba prevista. Cada uno de los seiscientos mil muertos que ha provocado hasta ahora es una letra del relato de una pesadilla prevista e inducida.

No me deja indiferente el genocidio y, por lo tanto, no me deja indiferente la vieja historia de Galileo. Los profesores de la Universidad de Roma han impedido la visita de Ratzinger invocando unas declaraciones suyas comprensivas con la condena de Galileo. Tal vez sea injusto privar a alguien de la palabra y tal vez sea injusto no recordar que fue Ratzinger quien revisó y anuló el proceso a Galileo. Pero nunca está de más recordar a Galileo, sobre todo en los tiempos en que el gobierno que tiene el ejército más poderoso del mundo reza cuando se reúne, antes de deliberar.


 

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