Receta estoica para ser feliz en otoño

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Dicen que la madurez consiste en saber si quieres lo que deseas. Ser mayor es distinguir entre voluntad y deseo.

La voluntad es un invento estoico y se asocia con la sabiduría.

El deseo, en cambio, ni es un invento, ni se asocia con ninguna capacidad, porque es constitutivo de lo humano en cuanto especie animal. Lo verdaderamente humano es querer algo que no deseas, desear algo que no quieres y, no en último lugar, saber cuando estás en una situación o en otra.

Lo primero es querer (y hacer) algo que no te apetece. ¿Qué deseo?: enriquecerme. ¿Qué quiero y hago?: trabajar. Lo segundo, es permitirle a tu deseo que desee algo que no quieres y que por tanto no harás. Ir a mirar algo, no evitarlo, no esquivarlo, no rehuirlo, sino admirarlo, dejar que tu apetito lo desee, después no quererlo y, por lo tanto, no alcanzarlo. Y, por si fuera poco, en tercer lugar, ser mayor consiste en saber cuando estás en cada una de las dos situaciones anteriores.

Así puestos, Peter Pan prefirió no crecer. Deseo volar, pues vuelo. Quiero un harén, pues no pago la hipoteca. Sócrates, en cambio, prefirió morir. Creo que no deliro si comparo a ambos personajes. De alguna manera, toda conducta humana relativa al goce encaja en uno u otro arquetipo. También podríamos fijarnos en el marqués de Sade, en lugar de Peter Pan, o en el barón Sacher von Masoch, en lugar de en Séneca, pero tienen el problema de que los dos extremos se tocan en el sadomasoquismo.

Para el estoico, rico es el que sabe, sabio es el que ejerce su voluntad y libre es el que soporta el dolor.

Para el sádico, rico es el que juega, sabio el que no trabaja y libre el que no hace lo que no le apetece.

Para el estoico la voluntad proviene del conocimiento, y el deseo es apetito natural. La ignorancia expresa el deseo en bruto, la sabiduría lo contiene y formaliza.

Para el niño, ignorante es el que se limita, el que cumple la ley.

Y luego está el neurótico. El que no puede hacer lo que quiere, el que no sabe lo que desea, el que no alcanza lo que anhela, el que no prosigue lo que emprende. Es decir, Woody Allen, Peter Pan, usted querido lector,  y yo mismo (el primero si se considera que la lista es de algo malo).

Así que aquí, entre nosotros, de neurótico a neurótico, reconozcamos que ahora que empieza el otoño es mejor lo estoico que lo sádico, porque si en los meses fríos te dejas dominar por tus neuras serás esclavo de los amigos o notarás los estragos de una mujer o la pisada de elefante de la voluntad sin ley de cualquier funcionario que ande suelta por ahí.

En primavera ya veremos.


 

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