Permiso para el ecocidio

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El principio central del desarrollo sostenible dice que el crecimiento verdadero es igual al crecimiento aparente menos la disminución de patrimonio natural no contabilizada. Desde los primeros gobiernos autonómicos, en Andalucía se había mantenido una alta tasa de crecimiento aparente que escondía en realidad una disminución trágica del patrimonio natural.

La Andalucía de los ochenta y noventa del pasado siglo superaba incluso las barbaridades ecológicas del primer desarrollismo, pero, ocultando lo que perdíamos en patrimonio natural, nuestros gobiernos podían convencernos de que teníamos un crecimiento continuo, constante y alto, superior al tres por ciento anual.

Ese crecimiento aparente estaba basado en la industria turística que, a su vez estaba basada en cemento y autovías, ladrillos y coches. Nada menos aparente que el cemento, sin embargo con ladrillos y coches habíamos construido una economía efímera, es decir, insostenible. El crecimiento aparente se ha venido abajo. Nuestro tejido productivo y nuestro mercado laboral han mostrado su debilidad. Hoy tenemos decrecimiento, un millón de parados y una situación de emergencia social.

La pregunta es si seguiremos destruyendo patrimonio natural ahora que eso ni siquiera sirve para mantener un crecimiento aparente. Estos días hemos oído tres respuestas: Felipe González, en el Congreso Internacional sobre la Socialdemocracia ha propuesto cuatro medidas frente a la crisis: bajada de salarios, abaratamiento del despido, energía nuclear e ilegalización de la inmigración. Zapatero en el debate del estado de la nación también ha dado su receta: subvenciones al automóvil, tres mil ochocientos millones de euros para vivienda y construcción y los ya anunciados ocho mil para jardincitos y carreteras.

La tercera respuesta es la de Griñán. En su discurso de investidura habló de ‘sostenibilidad’, esta es la buena noticia. La mala es que pronunció la palabra una sola vez y en el siguiente contexto: sostenibilidad sí, pero también económica.

El más claro es Felipe: dice lo mismo que Berlusconi o Rajoy. El más decepcionante, Zapatero: nos había prometido un ‘republicanismo verde’ que ha resultado ser un verdadero fraude. El más preocupante Griñán: ha lanzado un mensaje claro de tolerancia a la indisciplina ambiental. Los alcaldes más depredadores habrán tomado nota. Las generaciones futuras también.


 

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