Para asaltar los siete cielos

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(Intervención en el acto de presentación de #ClaroQuePodemos, el 18 de diciembre de 2014 en la sala El apeadero de Granada. Streaming en https://t.co/Sp5HO6NJC6

Un ataque a los sistemas de salud y educación pública; una burbuja inmobiliaria que acaba con el derecho a una vivienda digna y adecuada; una deuda ilegítima, impagable y creciente que empobrece al pueblo y que, al tiempo, enriquece a una casta corrupta. Acabo de describiros las cinco situaciones que afrontan las cinco resoluciones aprobadas por la primera asamblea ciudadana de Podemos. Tenemos en nuestra candidatura a un especialista en la Revolución francesa, Jesús Sánchez ́Polidorí,que me corregirá si exagero al deciros que –salvando todas las distancias– alguno de esos elementos describe la situación previa a la revolución de 1789. En concreto: una deuda infinita e impagable, el pueblo empobrecido y la nobleza y el clero enriquecidos.

We the people. Con estas tres palabras comienza la Constitución de los Estados Unidos que es el primer texto jurídico de la historia de la humanidad que no se esconde detrás de un dios, ni antepone el nombre de un emperador. Nosotros el pueblo, eso significa Podemos. Que no busquen en bolivarianos o castristas; si de verdad quieren conocer nuestro origen y nuestra meta que repasen los años que van desde la Declaración de derechos del hombre hasta la proclamación de la I República; si de verdad quieren conocernos que repasen los episodios de la revolución norteamericana. Porque ahí estamos los mismos que hoy somos Podemos: los nacidos libres e iguales, los de abajo contra los de arriba, las gentes que sabemos que la abolición del vasallaje y la constitución de la ciudadanía no son logros históricos, sino hitos evolutivos de la especie humana.

Somos la ciudadanía nacida libre e igual, la que se enfrenta a algo que ya nos explicó Marx en el libro I de El Capital: que producir una mercancía, y obtener dinero por ella para comprar otra mercancía (M-D-M); no es lo mismo que invertir una suma de dinero en mercancías para obtener más dinero (D-M-D´), para volver a invertir. No es lo mismo cultivar patatas y venderlas para comprar ropa, que invertir dinero en patatas, para obtener más dinero del invertido. No es lo mismo el mercado que el capital. El capital no conoce límites, los ecosistemas, sí. Si a la cantidad más alta de dinero siempre podemos añadirle uno, hablamos de capitalismo. Borracho de éxito el capital no puede detenerse. Como el oncogen, el capital sólo triunfa con la destrucción del cuerpo que lo contiene: la biosfera. Esta es la dimensión civilizatoria de la crisis que vivimos. Convertido el capitalismo industrial en financiero, cerradas las fábricas y los ferrocarriles, mercantilizados los recursos naturales, la energía y el agua, convertida la vivienda en mercancía especulativa… ¿qué le queda al capital? Los sistemas sanitarios y la educación pública. A por ellos vienen y aquí nos encontrarán. Estas son las nuevas trincheras. ¿Qué nos jugamos? Sanidad y educación, desde luego. Pero no sólo. Mucho más:

La primera burguesía, la que tuvo que reivindicar la ciudadanía para ganar la batalla contra el Antiguo Régimen, tuvo que convertir los estamentos en clases sociales. A diferencia del Antiguo Régimen, en el que ningún vasallo podía ser noble, en el primer capitalismo siempre hubo alguien que empezó vendiendo periódicos. Ese capitalismo ha terminado. La oligarquía ya no es burguesa, la casta empieza a transmitirse por sangre. Eso explica que ya no les guste la ciudad, ni la ciudadanía; que le gusten más las villas y los villanos, que le guste tanto el clero, eso explica que permitan a la Iglesia dar con las inmatriculaciones el pelotazo inmobiliario más grande de la historia. Esa es la brecha creciente entre ricos, cada vez menos y más ricos, y pobres, cada vez más y más pobres. Los más jóvenes, los nacidos en democracia nacisteis ciudadanos; acaso pobres, pero ciudadanos. Vuestros hijos, nuestros nietos nacerán vasallos.

Eso si no los detenemos. Sabemos cómo hacerlo: las gentes de Podemos están preparadas para hacerlo. Nunca ha habido tanto caudal de conocimiento técnico, social y científico al servicio de cinco ideas: contra la corrupción, contra la deuda, contra la mercantilización de la vivienda, por la sanidad y la educación públicas. Me diréis que se trata de problemas globales, sin solución local. Esto es una candidatura local –diréis– y yo os estoy hablando de la revolución francesa, del neofeudalismo, y de la deuda. “Esto no se resuelve en Granada” -pensaréis.

No es del todo así: sabemos –desde mayo del 68, desde la aparición de Die Grünen, desde el 15M– que hay que pensar globalmente, pero que sólo se puede actuar localmente. Sabemos que el mundo es una esfera cuyo centro está en todas partes y su circunferencia en ninguna. Para nosotros, los de Claro que Podemos Granada, el centro del mundo está en la estrella de ocho puntas que hay en el suelo del salón de Comares, en La Alhambra. No es disparatado pensar así.
Si os imagináis allí y miráis hacia arriba veréis que encima no tenemos un cielo, sino siete. A diferencia de sus ochenta catedrales coetáneas, en la Alhambra no percibiremos nunca la lejanía del paraíso, sino la proximidad del Edén. Las catedrales góticas quitan el poder a quien las mira de abajo arriba y se lo entrega a un lejano Dios; la Alhambra, en cambio, derrama bienestar porque reparte el poder entre los que se sitúan en su centro. Los granadinos tomaremos los siete cielos. Por asalto. Eso está claro. Nunca alcanzaremos la estrella de ocho puntas de lo más alto, mediante pactos. No es posible subir si aceptamos legitimar un gobierno de recortes y austericidio, a cambio de gestionarle a la casta un miserable ocho por ciento del presupuesto andaluz.

Los siete cielos de La Alhambra no se toman por consenso, se toman dándole el poder a la ciudadanía.

Y lo vamos a hacer, pero que no se asusten, que esta vez no traemos la guillotina, que nos pondremos delante del que intente quemar una iglesia, sabemos mucha historia y se van a hartar de votar.

¿Será fácil? No, está claro que no. Los clanes instalados en el sistema financiero, harán todo lo posible para que nuestras escaleras no lleguen al séptimo cielo, para que nos quedemos en el primero, para que negociemos con ellos, invocando la unidad de la izquierda, para que formemos un pequeño grupo municipal, un pequeño grupo parlamentario o, mejor todavía, en las oscuras diputaciones donde nadie te ve. Aquí tenemos que explicarles bien a nuestros compañeros de buena fe, que no se trata de ocupar la izquiera del tablero, para hacer el gran partido de la izquierda. Se trata de ganar. Esta vez no se trata de cambiar a un alcalde de derechas por uno de izquierdas y de consejos de administración de Gas natural. Se trata de empoderar a la ciudadanía para que asalte los siete cielos y para que nuestros hijos no nazcan vasallos, sino libres e iguales. Aunque para eso tengamos que derrotar antes a un alcalde y a los tribunos de su leal oposición.

No es fácil. Pero nosotros sabemos leer La Alhambra, somos we the people, nahnu al shaab, el pueblo de Granada. Y claro que podemos.


 

2 thoughts on “Para asaltar los siete cielos

  1. Gran texto José Luis, realmente bueno. Me alegra saber de tí y verte por Podemos. Nos veremos

  2. El artículo es muy bueno y hace pensar, es difícil no estar de acuerdo con lo que dice. Si toda la cúpula de Podemos dejase tan claro su distanciamiento del chavismo y su respeto a la democracia y a la libertad de los ciudadanos que no están de acuerdo con su ideología creo que le iría aún mejor a ese partido.

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