Malevo y chapuza

Se cuenta que un corresponsal norteamericano cubrió una corrida de toros y mandó la noticia a su periódico bajo el siguiente titular: “toreros, 6; toros, 0″. No era una ironía: la mentalidad deportiva norteamericana impide comprender que los toros no son deporte, sino arte y que el arte no puede cuantificarse, sino sólo cualificarse.

Recuerdo la anécdota porque con motivo del “Día del español” el Instituto Cervantes ha organizado una competición para elegir la palabra más bella de la lengua hispana. De manera libre, los internautas proponen y votan su palabra favorita. Va ganando la palabra ‘malevo’. Además de votar, los internautas dejan un comentario explicativo de su voto y es curioso que la mayoría de los 482 votantes de ‘malevo’ expliquen que votan este término porque son argentinos, se han enterado de que van ganando y están orgullosos de que una palabra tan de ellos se alce con esta especie de campeonato.

La siguiente palabra más votada es ‘chapuza’. Según los comentarios de los internautas deduzco que palabra tan fea está en segundo lugar por lo siguiente: hasta hace unos días ganaba ‘ambientólogo’ por 601 votos, pero como esta palabra no está en el diccionario de la RAE los árbitros del campeonato la han excluido. Los numerosos ambientólogos discrepan de esta decisión y han considerado que es una chapuza (364 votos) o una infamia (cuarta palabra más votada con 305 votos).

Tengo un amigo al que no le gusta el fútbol, pero que cada lunes estudia la clasificación de varias divisiones. Igual te dice que al Osasuna le faltan tres puntos para subir como que si el Zaragoza pierde con el Racing, baja el Betis. Pero no sabe ni de qué color son las camisetas. Voy a contarle esto del campeonato de las palabras porque me lo imagino calculando las posibilidades de ‘sonrisa’ frente a ‘abrazo’ o de ‘albricias’ contra ‘algarabía’.

Se pueden contar las palabras de una lengua (83.500 tiene el diccionario de la RAE), pero las combinaciones son infinitas. Con un número finito de elementos podemos hacer un número infinito de combinaciones. Las palabras son hermosas o feas, oportunas o rancias, sobrecogedoras o punzantes, malditas o estremecedoras. La lengua es arte y el arte no se somete a campeonatos. Lo complejo no se cuantifica en votos, sólo se cualifica con palabras. El Instituto Cervantes debería saberlo.


 

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