Las conocidas viviendas porticadas del Albayzín

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Doscientas noventa y cinco que se dice pronto, 295 son las alegaciones presentadas por la Asociación de Vecinos del Bajo Albayzín al Plan Especial de Protección del Albayzín y Sacromonte. Por lo que he podido saber, Lola Boloix en la calle y Manolo Navarro en el ordenador han realizado un impresionante trabajo cívico para redactar estas alegaciones. Las primeras ciento ochenta y seis alegaciones están dedicadas a corregir los errores derivados de la cartografía manejada por el equipo redactor del plan. Al parecer, han utilizado la planimetría catastral de 1998 y es por eso por lo que lo rehabilitado en estos años aparece como ruina y lo edificado como solar.

Pero no todos los errores son imputables a la planimetría: hay muchos que vienen directamente de la mala apreciación de los técnicos redactores. Así, por ejemplo la plaza de las Escuelas se convierte en un solar, las terrazas cubiertas se convierten en una planta más de la vivienda y los cármenes dejan de tener jardín y pasan a tener hermosos solares, cuantificados además como espacios libres que prueban la escasa edificación del barrio. Para desconcierto del Zaidín, la Fuente de la Bicha aparece como itinerario de interés por el barrio y, sin embargo, no están la del Avellano, ni la del Aceytuno.

Según lo que este columnista ha podido averiguar, la redacción del plan le fue encargada por el anterior concejal de urbanismo a un equipo técnico instalado en Aravaca que debían ser supervisados por un arquitecto granadino. Tan de Madrid es este equipo técnico y tan ligera la supervisión granadina del plan que se ha sometido a exposición pública llamando Molino de Cabeza a Molino de la Corteza, Horno del Viento a Horno de Vidrio, Fajaluza a Fajalauza, Serraño a Serrano, Cruz de la Ronda a Cruz de la Rauda, Hospitalillos a Hospitalicos, Callejón del Gato al Callejón del Gallo y, lo más sublime: Asturias al Albayzín. Y es esta presencia áurea de la original Covadonga en la final Granada lo que tal vez explique la regulación que en el plan se da a los “soportales y viviendas porticadas” del Albayzín, tan abundantes ellos, como se sabe.

Los cármenes –nombre extraño en Aravaca- se reducen en el PEPRI a veintidós y se convierten ahora en “viviendas unifamiliares aisladas”… ¿Para qué seguir? Me parece que sólo caben dos explicaciones. Daremos primero la pesimista: no hay futuro. En este plan la ciudad muestra su espíritu cateto y descuidado, su vocación casposa y sucursalista. Y ahora la optimista: hay nuevos gestores que sabrán corregir los disparates de este PEPRI, devolvérselo a sus perpetradores o reordenar la gestión del dinero público. En ambos casos, la ciudadanía tiene una deuda de reconocimiento con la Asociación de Vecinos del Bajo Albayzín, ejemplo de sector público voluntario sin remuneración, pero con solvencia.


 

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