La mirada de Chaves

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He visto dos noticiarios de Canal Sur. Dos. No más. Suficiente. Me reafirmo: votaré no a este Estatuto. Les cuento lo que he visto y cómo lo he visto. Sin acritud, sin rencor, pero también sin literatura. Lo siento, querido lector que me hablas de “la poesía cotidiana de los caoramas”. Hoy no hay poesía.

Empiezo por lo menos visto en Canal Sur, la nuestra: el Partido Andalucista pide el no, pero parece abrumado por tener que hacerlo. El eje argumental del no andalucista es que con este Estatuto Andalucía pierde sesenta mil millones de euros. Pero ‘60.000 millones de euros’ es un concepto no menos abstracto, inabarcable e inimaginable que ‘Santísima Trinidad’. A veces dicen que Andalucía es una nación y que este estatuto la trata como una región, como si fuera La Rioja o Murcia, la región por excelencia. Pero esto lo dicen pocas veces, sin elevar la voz y sin pasión. Un discurso neutro sería estratégico si la inercia favoreciese al no, pero favorece al sí. De todas formas, Julián Álvarez en formación, en inteligencia y en estrategia no sólo está muy por encima de sus predecesores en la secretaría general andalucista, sino también muy por encima de la media de la clase política andaluza. Decía Hölderlin que donde reside el peligro reside también la oportunidad. El peligro es este Estatuto, la oportunidad acaso sea la gestión del no que pueda hacer Julián Álvarez.

Justo al revés del Partido Andalucista, Izquierda Unida pide el sí, pero parece pedir disculpas por hacerlo. Hay mucho nacionalismo andaluz dentro de Izquierda Unida. De hecho, en los años en que Ortega dirigía -por decir algo- la nave del PA, el nacionalismo andaluz se refugió ahí. Y no sólo desde dentro, tampoco desde fuera se entiende qué hace Concha Caballero pidiendo el sí. Tal vez soñaban con la foto a solas con el hermano grande, el PSOE, y no han sabido salirse del encuadre cuando han llegado las ciento cincuenta enmiendas de la prima fea: la derecha centralista del PP.

En tercer lugar, he visto en televisión a los hombres del PP. Algunos me estremecen, sobre todo aquellos que no puedo dejar de asociar con el 11-M, pero eso es una percepción subjetiva. Javier Arenas fue quien dijo para mí la frase definitiva, la que me lleva de cabeza al no: “Este estatuto -dijo- es nacional y constitucional”. ¿Qué diferencia hay entre los dos adjetivos? ¿Acaso no dicen en el País Vasco que no hay más nación que la establecida en la Constitución? ¿Por qué esa diferencia entre lo nacional y lo constitucional aquí? ¿Quieren decir que hay una España nacional preconstitucional a la que los andaluces estamos vinculados aunque el peor nacionalismo de corte Milosevic se imponga en Madrid?

Y cuarto, he visto a los hombres del PSOE. Uno de ellos -dicen que el que más manda- lee los discursos, habla mal y parece más preocupado por el Atleti que por la emigración de nuestros universitarios a Madrid. Deprimente. El presidente Chaves, en cambio, me desconcierta. A veces parece ser consciente del tamaño histórico de su cargo. A veces en cambio se comporta como si fuese el presidente de la región riojana. A veces parece que sabe que España es Andalucía, otras veces parece obsesionado con la unidad de España, eslogan que esconde hoy la centralidad de Madrid. ¿Si el PP piensa en que no se vayan Euskadi ni Catalunya y el PSOE piensa en cómo mantener la centralidad de Madrid, quién piensa en Andalucía? Estoy seguro de que este estatuto nos lleva a segunda y de que el presidente está equivocado, pero cuando observo su mirada en televisión me pregunto si es sincero.


 

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