La fama de los impostores

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A lo lejos, jugaba la selección española de fútbol, pero hacía varios meses que no nos reuníamos en torno al vino y, por lo tanto, la charla fue desplazando a los jugadores de Ghana. En el primer recodo de la conversación, Javier Sánchez, más conocido por Shere Kan, lúcido y sereno, nos llamó la atención acerca de la posibilidad de que Julio César disfrute de una fama universal que no merece.



Dijo que seguramente cometió genocidio en las Galias, para después retornar a Roma con el mismo ejército y apoderarse del estado. Sostuvo que era justo acusarlo del fin de la república romana y que no sería descabellado creer que su sobrino Bruto fuese un republicano conjurado para extirpar la tiranía. Sin embargo, por obra de Shakespeare, Julio César pervive como líder en el imaginario de todos y Bruto no pasa de asesino y traidor. Entonces Lucas que aquella noche se mantenía sobrio recordó a Robert Graves, el autor de Yo, Claudio. Este autor británico hace declarar varias veces en su novela al emperador Claudio que es partidario de la republica, enemigo del imperio.

Entonces Sonia puso la pregunta de si la historia pone a cada uno en su sitio. ¿Caerán los impostores? Esos personajes que publican un libro cada mes y ganan un premio cada tres, esos impostores rodeados de negros mal pagados, esos tipos que mienten más que hablan, esos babosos rabiosos de la ondas radiofónicas y las tertulias televisivas… ¿Sobrevivirán a su propia vergüenza? ¿Se hablará de ellos en el siglo XXII?

Claudio ya no es un emperador del siglo I, sino el personaje inolvidable de aquel británico tan largo como viejo. Julio César no es Julio César, sino la obra de Shakespeare. Incluso Robert Graves está descrito por Borges en el año que duró su agonía en Mallorca. De manera tal que puede que Claudio el emperador sea una sombra de aquel escritor inglés, y puede que Graves al sol de Mallorca, viviendo sus últimos años como un instante eterno sea una sombra de Borges. Y puede que Borges sea una invención de Shakespeare cuya biografía, como se sabe es un misterio…

La fama artificial de los impostores puede sobrevivir, como puede perdurar un Julio César endulzado en su golpismo, pero para ello se precisa a Graves, a Shakespeare o a Borges. Algún consuelo nos tenía que quedar entre vino y vino.


 

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