Felices antifiestas

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Tres son las características de toda fiesta. La primera es que la fiesta rompe el orden cotidiano de los días. No hay horarios industriales ni agrícolas, no hay que levantarse a una hora temprana, ni comer a las dos, ni irse a la cama con la radio para cerrar los ojos a la hora justa que nos permita volver a madrugar y volver a empezar. En los días de fiesta está permitido que el sol de mediodía entre en la cama o que el amanecer entre en los ojos cansados ya de tanto reír. La fiesta no tiene tiempo de reloj, porque está hecha de canciones y risas, de encuentros y alegrías. Pocas cosas hay, en cambio, más pautadas y regladas que el tiempo navideño: desde la Inmaculada comienzan a enhebrarse cenas y almuerzos de confraternidad, después vienen Nochebuena y Nochevieja con sus rituales pautados, Hasta la acidez y las gastroenteritis tienen fijados los horarios en Navidad.

La segunda característica de la fiesta es la disolución de la diferencia de clases. En la fiesta el pobre se viste de nuevo, que es como vestirse de rico, y el rico en cambio se coloca uniformes de pobre para bailar un rato. En la fiesta los habitantes pobres de los barrios altos y de la periferia llegan al centro de las ciudades y desfilan por los altares y las avenidas. En carnaval las calles son ríos humanos y en Semana Santa -nuestra fiesta étnica- sólo el alto clero ha de refugiarse apenas atardece. Por el contrario, en Navidad la noche es larga, la calle fría, el único calor viene de la televisión y de las grandes superficies. Y ahí en los anuncios y en los grandes almacenes se muestra la pobreza de quien quiere y no puede, la riqueza de quien puede y no quiere, y la pobreza terrible de quien puede y quiere y adquiere grasas para el cuerpo y melancolías para el alma. La Navidad es clasista, luego no es fiesta.

Y no en último lugar la fiesta disuelve al individuo en la comunidad. Los días de fiesta somos lo que fuimos en los tiempos de Astarté, entre la tribu. Cuando la puerta de la iglesia se abre, el niño que lleva el primer cirio siente, oye y ve lo mismo que su antepasado: siente a un sólo animal que respira, ve la comunidad a la que pertenece, nos oye a nosotros. La Tarasca, los gigantes y los dragones son los mismos que pasaban por las puertas de las cuevas. Y la Virgen de la romería estaba ahí en los tiempos en que sólo había fuego y memoria. Por el contrario, la Navidad encapsula a los humanos, como el coche encapsula al viajero. La soledad pesa más en Navidad, las depresiones también.

La Navidad es pautada, clasista y depresiva, luego no es fiesta, sino anti-fiesta, acaso la fiesta nacional de un imperio infantilizado.


 

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