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La nuestra

No sé por qué, ni me importa, ni pienso investigarlo, pero el caso es que el informativo que yo veía a las dos de la tarde es ahora un programa del corazón. La televisión es en mi casa cosa de los niños. Eso significa que durante varias horas al día suena de lejos Disney Channel. 

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Los nuevos pobres

La idea de que la riqueza es abundancia y la pobreza carencia tiene, al menos, cuatro agujeros. El primero es el consumo de calorías. Parece claro que ahora los pobres comen más y peor que los ricos. Los andaluces hemos pasado en diez años de ser los más flacos a ser los más gordos de los españoles. Curioso porque seguimos estando entre los más pobres como hace diez y como hace cien años. O sea que engordamos, pero no nos enriquecemos. Curioso, porque en nuestra mente sigue habitando aquella ilustración de los cuentos de infancia que nos mostraban a un…

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De siestas y de venganzas

Son curiosas las palabras que el español ha dejado en otras lenguas: guerrilla, mosquito, liberal, siesta… Si mandáramos en lo que hablamos y en cómo llamamos a las cosas, yo propondría con toda seriedad que se prohibiera referirse con el término liberal a los conservadores norteamericanos y que se prohíba llamar siesta al sueño posterior al almuerzo en invierno.

Famosos

Estos días veo la televisión. Estoy tan exhausto después del trabajo de los últimos meses que de día resuelvo mil asuntos pendientes y de noche me acomodo en el sofá ante el televisor. Como casi todo el mundo. ¿O no? Por eso me siento tan bien. Me siento parte de una comunidad de televidentes que debe ser la comunidad de los normales. Por supuesto, los programas que más me gustan son los del corazón. Podría seguir un documental sobre las serpientes, la navegación en el siglo XII, o las técnicas arquitectónicas egipcias pero no lo hago, porque para eso está…

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Los nuevos avaros

El avaro antiguo, el ciego del Lazarillo o el de Molière, no se concedían nada ni a sí mismos ni a los demás. La auto-justificación del avaro era precisamente esta: que se trataba a sí mismo como a los demás. Además, la locura de capa raída atraía al ladrón. La pasión enfermiza de guardar el oro y las joyas en el arca se equilibraba con el robo o la pérdida de la riqueza. Ese era el orden equilibrado del universo de la escasez.

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Del mando a distancia

Dado el problema que consiste en que mis hijos no soportan los telediarios, que mi mujer no soporta los documentales sobre la vida de los insectos, y que yo no soporto los dibujos animados de Disney, la solución en mi casa es simple: que yo no veo la televisión. Así de fácil, a estas alturas de la vida familiar ni siquiera sé dónde está el mando a distancia. Un amigo me dice siempre que esta renuncia al control de la tele es de las deserciones más graves de mi vida porque, según él, “en una casa manda quien manda en…