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La romería

El domingo pasado como todos los años por estas fechas, el pueblo de Granada subió en romería a la abadía del Sacromonte. Cabe pensar que los ciudadanos repiten este acto cada año porque le gustan las habas y las salaíllas, el sol y el paseo. No lo niego. Cabe pensar que lo importante es la fiesta y no lo que se celebra. Tampoco lo niego. Pero esto son las causas de la mayor o menor concurrencia de público, pero no el fundamento de la fiesta.

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Nada que celebrar

Cada fecha tiene su significado: 6 de diciembre significa Constitución, 4 de diciembre y 28 de febrero, Andalucía. El 14 de abril no puede significar monarquía, ni el 18 de julio, república. De la misma manera, el 2 de enero no puede significar Granada. Toda conmemoración es una selección, porque el pasado es demasiado complejo para celebrarlo entero. Ninguna fiesta es natural ni neutra. No vale decir que esto es “de toda la vida”, ni preguntar qué de malo tiene gritar “¡qué?” tres veces en la Plaza del Carmen o subir a tocar la campana de la Vela.

MP

Miguel Pasquau: La Alhambra es una novela

Cuando vine a estudiar a Granada, mi padre me aconsejó cómo tenía que ver la Alhambra. Me dijo que le hiciera una primera visita solo, sin guías ni lecturas, a ojo descubierto: que me perdiera entre tantas cosas que no iba a entender. Esa sería, dijo, la primera impresión, que no debe ser escamoteada con prejuicios de erudito. Ver, oler, escuchar la Alhambra sin ayuda. Después habría que “leerla”. Ya vendrían las explicaciones. Así lo hice. Todavía recuerdo la primera vez, despreocupado por no entender tanto que estaba escrito en las paredes. No había historia, no había relato: sólo había…

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Septiembre, Granada y a la inversa

Para los niños y adolescentes sin apartamento en Almuñécar septiembre era preferible a agosto y a octubre. Agosto era un mes rotundo y grande que se nos iba en siestas sin dormir, de lectura interminable. Un mes en el que tardaban mucho el fresco del atardecer y los amigos en volver. Octubre era otro mes grande de mucho cine, libros de texto, brasero eléctrico, tardes cortas y noches inexistentes. Entre agosto y octubre, septiembre era todavía-verano, ya-otoño, la suma de ambos y algo más indescriptible. Septiembre era un estado de ánimo: estar septembrino quería decir estar planificando, estar soñando. Sin…