El tercero de la foto

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Puso a salvo a su esposa y a su hija. Esperó la llegada del Dragon Rapide. Para reclutar soldados hizo correr la voz por Tetuán de que se había convertido al Islam. Cruzó el Estrecho, demoró la guerra cuanto fue preciso para asegurase el caudillaje. Después firmó incontables penas de muerte. Ningún dictador, ni siquiera Hitler (lo dice Paul Preston, que no es un rojo) mató a más hombres en tiempos de paz. Lo veo sentado en el asiento de atrás de su enorme coche negro firmando sentencias de muerte: “a este que le den café” -dicen que decía con su voz aflautada, con su culo bajo, con su complejo de rechazado.

Pienso en las cosas que pudieron ser y no fueron porque él intervino. Los jóvenes que cambiaron los estudios nocturnos en el Padre Suárez o en la Escuela Social por las trincheras, los cuarteles o las tapias. Los tratados que no se escribieron en las universidades. Las chicas jóvenes que dejaron de bailar y de reír. Los hijos que no nacieron. Los libros que no se escribieron. El amor que nuestros padres y abuelos no vivieron.

A veces me da miedo el perdón. Es impresionante la capacidad de perdonar que dan los años. La memoria se relaja y parece que todo le pasó a otro. Parece como si le hubieran pegado y hubieran rapado a otra, como si hubieran matado a un tal Federico, cuando aquella niña eras tú, cuando fue a ti a quien mataron en la Fuente de las Lágrimas. Hay tantas cosas en los recovecos de la memoria que es fácil seguir una ruta de palacios y veranos alegres, de infancia y bicicletas, de amores y baños. Pero también es muy fácil bajar a las grutas del infierno. Allí están los muertos y los hijos que los muertos no tuvieron la pesadilla de Franco o Millán Astray.

Setenta años, que se dice pronto, han pasado y, sin embargo, ahora un antiguo terrorista del GRAPO insiste en que la culpa no fue de Franco, un impostor que escribe libros como quien hace rosquillas dice que la guerra civil fue una filigrana militar… Y tal vez estos dos tipos sean lo de menos. A veces sospecho que Moa o Vidal son espantapájaros puestos ahí para que les peguemos. ¿Quién estará detrás de ellos? ¿Los mismos que estaban detrás el 18 de julio de 1936? Hay una conocida foto en la que Franco y Millán Astray cantan abrazados. Los dos tienen las cabezas alzadas y el gesto chulesco de los borrachos ignorantes. Si se fijan, verán un rostro que asoma entre sus hombros. Sólo se ven los ojos, pero se nota que está riendo. ¿Quién será el tercero de la foto?


 

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