El solterón de Königsberg

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Sólo dos cosas levantaron la admiración de Kant en vida: el cielo estrellado sobre su cabeza y la ley moral. El cielo estrellado sigue ahí, aunque cada vez nos sorprenda mas verlo desde la ciudad por causa de la contaminación. La ley moral también sigue ahí aunque cada vez la vemos peor por causa de la contaminación ética de la guerra y el ecocidio. Pero nadie fue Kant para quien lee a Kant. Su biografía estorba para leer su obra. Su ética es justo lo que no es biográfico. Construyó una ética sin Dios, ni sujeto. En la cumbre de esa ética sólo hay un imperativo formal: si debo, puedo. No al revés. Las cosas no son buenas por el simple hecho de ser posibles. Se puede matar humanos, pero eso no justifica la guerra. Sólo la obligación justifica. Pero la obligación es procedimiento sin sustancia, forma pura. Nunca salió Kant de su pequeña ciudad. Al principio, debió de creer en la normalidad de una vida retirada, sin esposa ni hijos, y dedicado al estudio. Pero ya en la juventud, debió de darse cuenta de su rareza. Acaso sólo construyendo una ética universal podía esconder su peculiaridad individual. A lo largo de su vida, de manera instintiva, se habría adiestrado en el hábito de simular que él sólo era su lenguaje y, por lo tanto, forma pura sin amor. Muchos años persistió en este camino que escondía su soledad. Tantos que lo trazó para la posteridad. Nos lo enseñó. Hoy Kant es la antesala de la libertad exhibida, de la soledad moral escondida. Sus obras son troncos de libertad que flotan en la corriente de la destrucción, la guerra y el ecocidio. Cuentan que al final de sus días eran muchas las visitas que recibía. Es lógico que los más íntimos le preguntaran por la muerte. Podemos imaginar una respuesta sin miedo, la respuesta de un solitario. También podemos imaginar la respuesta que el dios de Kant daría a la pregunta por la existencia de Dios: “Yo también escondo mi sustancia tras la forma pura. Sólo creo formas y procedimiento. Una se llama Inmanuel Kant. Podía haberse llamado soledad y libertad, pero eso más que un nombre habría sido una descripción precisa del Creador”.


 

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