El himno de Andalucía y la maceta del legionario

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Primera escena: cuando éramos jóvenes voluntariosos y activos, pusimos en marcha una asociación que se llamaba Oficina del Defensor del Medio Ambiente. La oficina estaba en la calle Marqués de Falces en la sede de lo que entonces se llamaba Federación Ecopacifista de Granada y su finalidad era prestar asesoría jurídica gratuita sobre asuntos ambientales. La primera tarde de funcionamiento estábamos allí, abogados intrépidos e ilusionados, cuando apareció nuestro primer ‘cliente’: traía un tiesto con una planta seca bajo el brazo y se apresuró a explicarnos que era caballero legionario retirado. Quería que denunciáramos a su vecina de arriba que, según nos explicó, de manera artera, había regado su maceta con sosa cáustica hasta matarla.

¿Acaso las macetas no eran parte del medio ambiente? Nos hundió la moral. Más asustados que compasivos, le pedimos que dejara allí el cuerpo del delito, el tiesto envuelto en papel de periódicos, y que ya veríamos lo que se podía hacer. A la semana siguiente, el caballero legionario retirado se presentó en nuestra flamante oficina para recoger su maceta. Sólo explicó que había encontrado un abogado que llevaría su asunto mejor que nosotros.

Segunda escena: un día, en el cuartel de la Guardia Civil de Padul, debió de entrar un ciudadano dispuesto a denunciar a la maestra de su hijo por enseñarle el himno de Andalucía. No sé si se dan cuenta, pero esta escena (de haberse producido, cosa que no sé con certeza porque mi única información es la de la prensa de estos días) es tan surrealista y loca como la del caballero legionario. Vamos a ver: el himno de los andaluces está determinado por el Estatuto de Autonomía. El Estatuto de Autonomía es, a su vez, parte indiscutible del bloque de constitucionalidad. Enseñar el himno es, por lo tanto, como enseñar la Constitución. No sólo se puede, sino que se debe enseñar. Conclusión: la pretensión de este señor que quería denunciar a la maestra de su hijo era descabellada y loca. ¿Sería mucho pedir que los agentes de la Guardia Civil de Padul le hubieran explicado este simple razonamiento constitucional al caballero-padre denunciante? Desde luego no tenían por qué haber tramitado su denuncia. La Guardia Civil no está para asuntos de macetas secas. Pero por lo que deduzco de la información periodística de estos días, la Guardia Civil de Padul dio curso a la denuncia y esta llegó al Juzgado de Instrucción número 3. Tan constitucional como el himno es la obligación de los jueces de conocer de los asuntos que se le planteen sin poder alegar ignorancia u oscuridad de la ley. El juez que se niega a conocer de un asunto incurre en delito. Claro queda. Pero más claro aún es que los jueces conocen sólo de asuntos jurídicamente relevantes y que la relevancia jurídica de un asunto se confía al sentido común. Los jueces no están para atender asuntos de macetas secas o de padres desquiciados y cuando tales asuntos les llegan basta con que argumenten la irrelevancia jurídica de la pretensión y archiven.

Tercera escena: todavía nos preguntamos quien será el abogado que aceptó llevar el asunto de la maceta seca del caballero legionario retirado. Por lo que deduzco de la información de la prensa, en el caso análogo del himno de Andalucía, un letrado que debía de ejercer la acusación en nombre del padre pidió en un juicio de faltas que la maestra fuese sancionada administrativamente (!). O sea, en un juicio penal una pretensión de sanción administrativa a un funcionario público por cumplir y hacer cumplir lo dispuesto en la Constitución. De verdad, que quiero estar equivocado en algún punto de mis deducciones porque, si no lo estoy, hay que preguntarse dónde ha estudiado Derecho este letrado. Y la respuesta a esta pregunta me puede concernir como profesor que soy de la Facultad del mismo nombre.

Cuarta escena: una maestra diligente y trabajadora, funcionaria pública cumplidora, voluntariosa y activa, pasa una mañana en los pasillos de los juzgados. Dicen las crónicas que se le notaba el nerviosismo. Es lógico, en esos momentos debía estar preguntándose en qué país vivía y cómo funciona un sistema jurídico constitucional que es capaz de sentar en el banquillo de los acusados a una ciudadana libre por la pretensión desquiciada de un señor. ¿Sería injusto recordarles a los elementos de ese sistema jurídico democrático, esto es, Guardia Civil, jueces, fiscales y letrados que este juicio jamás se hubiera celebrado? ¿Sería mucho pedirles que entendieran que los ciudadanos no estamos hechos de fierro y que solemos vivir los procesos judiciales como sanciones? El mal rato que esta ciudadana pasó la mañana del juicio se queda para ella, pero para el estado de Derecho se queda la obligación de resarcirla moral y materialmente por ese juicio que jamás debía haberse celebrado. Y para todos los docentes, los juristas, los andaluces y los ciudadanos se nos queda la obligación de solidaridad con esta profesional. Sean por Andalucía libre, España y la humanidad.


 

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