De la ciudad y de sus límites

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Esta crisis es metabólica, proviene de la aparición de un límite biofísico al capital. El capital, como el cáncer, no conoce límites. A la cantidad más alta de dinero imaginable siempre puedo añadirle uno. La biosfera —como la ciudad, el agua o los cuerpos— sí tienen límites. A la cantidad más alta de habitantes de una ciudad, de una comarca o de un planeta no puedo añadirle ni uno más. El precio de las viviendas ha subido durante décadas a un ritmo del quince por ciento anual, pero las viviendas humanas —que no son precio, sino hábitat, ciudad, materia y energía— no pueden crecer sin límites.

La ciudad de Granada no llega al cuarto de millón de habitantes. Hace años que no crece. Las viviendas vacías se cuentan por miles. Los precios, altísimos en la época de la ilusión, comienzan a despeñarse. Las hipotecas se ejecutan por cientos. Los bancos computan como activos patrimoniales lo que en realidad son bombas financieras.

Y, sin embargo, nuestros planificadores urbanos proyectan en el nuevo PGOU viviendas nuevas para treinta y cinco mil habitantes: un quince por ciento más de los actuales. ¿De dónde los van a sacar?

En una entrevista reciente, el periodista le preguntaba por esto a José Torres Hurtado, alcalde y candidato a la alcaldía por el PP. Su respuesta —cito de memoria— era que hay que ser previsores. Cuando acabe esta crisis —venía a decir—, tendremos los deberes hechos. No habrá obstáculos a la expansión y al crecimiento de la ciudad.

Imagino que esta misma respuesta se habría dado si el periodista preguntara —que no preguntó— por la Ronda Este: ¿Se puede saber para qué queremos un paso elevado sobre un terreno tan valioso ecológicamente cuando ya sabemos que el automóvil es una tecnología obsoleta que genera pobreza? Respuesta: cuando volvamos a tener dinero, volveremos a comprar coches y tendremos que darle salida por algún lado. O esta otra: cuando acabe la crisis volveremos a comprar adosados en El Fargue y tendremos que comunicarlos de manera rápida con el resto de la ciudad.

Estas respuestas parten del mito del crecimiento sin límites: volveremos a crecer.

Hay otra manera de pensar: si Granada quiere seguir siendo Granada hay que optar por el desarrollo endógeno. Hay que optar por el paisaje, por el patrimonio histórico, por la peatonalización y la bicicleta, por la calidad de vida y el desarrollo humano. El decrecimiento como alternativa no es ninguna tontería. Su traducción urbana es la implosión: no se puede explotar por los bordes, hay que implosionar desde el centro y hacia abajo.

Torres Hurtado es un hombre de talante sencillo y claro. Dice lo que piensa, lo defenderá en su programa y concurrirá a unas elecciones democráticas en 2011. Pero lo que piensa la derecha tiene alternativa. Se llama sostenibilidad, desarrollo endógeno, duración… La pregunta es dónde está. No tengan prisa en responderme.


 

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