El atrapasueños

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La casa en la que vivo estos días parece sacada de un sueño mío. Tiene una terraza pintada de azul y llena de macetas cuajadas de flores rojas, vistas al Tibidabo que desde aquí parece el Sacre Coeur, una gata egipcia y silenciosa, aires mediterráneos y música futura. De vez en cuando, desde el dormitorio, se oye el tañido de un extraño artificio que está colgado en la terraza. Son tres cañas huecas que penden de una estructura de marioneta con una suerte de badajo de campana en el centro. Se llama atrapa-sueños y quiere la tradición de los indios americanos que sirva para librar a los niños de las pesadillas.



Por las mañanas, inmerso en agua fría, imito al maestro Borges y me esfuerzo por recordar los sueños de la noche para discriminar los que merecen ser contados. A pesar del atrapa-sueños, en estos días, duermo inquieto. Aquí en Barcelona, agosto agoniza con nubes bajas y hay una humedad insólita para las gentes de interior. La calima de África se ha instalado en la atmósfera exterior y yo noto garfios que me arañan el entorno interior. Por si fuera poco, he descubierto que es cierto que en los bloques de pisos se sueñan sueños que pertenecen a otros.

Esta noche he soñado con mi padre y con mis hijos, y es indudable que esos dos sueños eran míos. Pero ayer, sin ir más lejos, soñé que estaba en un mercado en el que nunca he estado y que hablaba una lengua familiar pero extraña. Ese sueño no era mío. Es probable que pertenezca a la vecina de abajo: una anciana barcelonesa que me aguarda a veces en el rellano de la escalera, me saluda y después se excusa en catalán porque dice que mis pasos en la escalera suenan como los de su hijo.

No he querido examinar las cañas del atrapasueños para ver porqué han pemitido que yo sueñe el sueño de la señora barcelonesa. Temo encontrar, perdido entre los recovecos del aparato, un sueño mío en el que salgo viviendo en una casa con una terraza pintada de azul, flores rojas, una gata egipcia y vistas al Tibidabo. En lugar de eso, he llamado por teléfono a mi madre, que me ha dicho que estaba esperando a que yo bajara en el rellano de su escalera.


 

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