Del sueño y la memoria

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Pensaba yo que los sueños reiterados eran cosa de un pasado excesivo y desordenado y que no volverían ahora que he abandonado la noche y la desdicha y que cultivo las mañanas y la serenidad. Sin embargo, hace treinta días o más que padezco un sueño reiterativo: sueño que estoy reconstruyendo mi memoria.

Viví con mi padre el último año de su vida, cuando ya había perdido su propia memoria y desde entonces temo a las enfermedades del vacío tanto como a la muerte. Y desde hace años padezco olvidos imperdonables, sufro por no recordar los nombres de personas apreciadas y lo peor, a veces me cuentan que he hecho o dicho lo que no recuerdo haber hecho ni dicho. Por ejemplo, una antigua alumna me dijo: nunca olvidaré la clase en la que hablaste del caso de la oreja cortada resuelto por Sherlock Holmes. Conozco el caso al que se refería mi antigua alumna, pero juraría que jamás lo he mencionado en una clase. Busqué el programa de mi asignatura del año 1994 y allí estaba: tema 3… La verdad y las formas jurídicas… Conan Doyle. Sentí pánico. Otras veces leo algún relato viejo o alguna columna de hace años y es como si leyera por primera vez un texto de otro que en realidad he escrito yo.

Creo que es por esto por lo que estas semanas sueño con las reconstrucción de mi memoria. Es un sueño compensatorio como el del niño que sueña que va subido en el columpio en el que su padre no lo quiso montar. Pero los sueños compensatorios son gratificantes y el mío no lo es. Sueño que veo mi memoria entera, que recuerdo con detalle todo lo que me ha pasado. Pero como en lo astral no tenemos rostro, no me veo a mí mismo, ni sé si soy yo el que en mi sueño aparece delante de un monitor gigante por donde pasa mi vida.

En la miliunésima noche, Scherezade le cuenta al rey la historia de las mil y una noches. Por lo tanto, esa noche contiene todas las demás incluida también ella misma. De la misma manera, lo peor de mi sueño no es saber que la película exacta de mi vida duraría cuarenta y siete años, ocho meses y dos días y que ya no tendría tiempo de verla. Lo peor es que en el relato se dedicarían muchas horas al sueño en el que relato mi vida. Ese sueño contendría toda mi historia, incluido el recuerdo del propio sueño. Toda mi historia se concentraría en ese sueño, ese sueño sería muy real y si los sueños pueden ser reales es porque yo puedo ser ficticio.


 

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