De capitales y tesoros

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Según me informan, la autovía saldrá desde los túneles del Serrallo. A media ladera, por encima de la actual carretera avanzará hasta más allá de Cenes de la Vega y, desde allí, por un enorme puente sobre los parajes de Jesús del Valle enlazará con la A-92. Me dicen que de los posibles trazados, éste era el más insostenible. Me informan de que determinado constructor será el principal beneficiado porque compró hace tiempo las laderas de El Fargue para urbanizarlas.

Si remontamos el río Darro desde la fuente del Avellano en apenas media hora alcanzamos un paraje excepcional. No conozco ninguna otra ciudad que tenga un acceso directo, tan rápido, sin necesidad de vehículos a un espacio natural tan valioso. Un poco más arriba de Jesús del Valle se unen además dos espacios naturales protegidos: el de Sierra Nevada y el de la Sierra de Huétor. Volver al atardecer y ver el sol poniente sobre el Albayzín y el Sacromonte es una experiencia estética de las que te mejoran el alma. Durante años he recorrido esos parajes y en muy raras ocasiones me he cruzado con alguien. Los granadinos no conocen lo que tienen. Esta ciudad mira hacia la circunvalación.

Lógico, por lo tanto, que si alguien quiere ganar aquí unas elecciones, prometa cerrar el anillo de la circunvalación. Si prometiese proteger el valle del Darro tendría mi voto y pocos más. No me atrevo a hablar en nombre de las generaciones futuras, pero estoy seguro de que preferirían la conservación de este tesoro antes que su conversión en urbanizaciones deshabitadas y redes de autovía.

Granada como siempre llega tarde y llega mal. Esta ciudad desmontaba el tranvía cuando otras ciudades europeas lo construían, trazaba la circunvalación cuando otras ciudades optaban por el bulevar y ahora opta por el ladrillo y el coche cuando todos optan por los ordenadores, la educación y la economía verde. Ya no hablamos sólo de problemas ecológicos y de generaciones futuras, sino también de economía. El ladrillo y el coche son los dos pilares hundidos que nos han llevado a una crisis de dimensiones nunca vistas y de consecuencias imprevisibles. Si quieren nuestras autoridades locales y andaluzas, en lugar de llamar tesoro al valle del Darro lo llamaremos “capital verde”. Pero entérense, por favor, de que destrozar ese paraje es un disparate no sólo ecológico, sino también económico.


 

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