Aunque la Toma se vista de liberal

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Como esta semana ando por Barcelona y sin ordenador, mi contacto con la vida granadina se limita a las consultas de prensa digital en los cibercafés. Y me he dado cuenta de algo curioso: los primeros días de enero todo el mundo habla sobre las fiestas de la Toma, pero a estas alturas del mes parece ya tema olvidado. Creo que hoy voy a ser el único columnista que se ocupe del asunto. Se lo advierto, querido lector, para que deje de leer de inmediato si es un tema que le incomoda.

Detractor de la celebración como soy, la verdad es que lo tendría muy fácil arremetiendo contra lo que dijo el arzobispo el día 2: que la toma de Granada acabó con ocho siglos arrasadores. Pero no. No quiero contestar el panfleto de un ‘hoolligan’ episcopal. Eso sería elegir la presa fácil y dar la razón a los que eligen a los ‘hoolligans’ del otro bando que también existen. Quiero elegir al contendiente difícil: César Girón, cuyo artículo del día 2 se llamaba: “La Toma, una tradición liberal”.

Si ustedes consultan el texto en la página web de este diario verán que tiene dos comentarios de los lectores y uno de ellos dice suscribir lo dicho por Girón de ‘pe a pa’. Este comentario va firmado por José Vicente Pascual. Así que tengo a dos amigos que además son pesos pesados de la argumentación y del columnismo, unidos en un texto que merece una réplica tan seria como amistosa. Lo que hay que discutir es lo siguiente: ¿encaja la celebración de la Toma en la tradición liberal, republicana o constitucional?

César Girón sólo da un argumento de autoridad para demostrar este encaje: la figura de Garrido Atienza. Pero el argumento de autoridad es muy débil en derecho y en política. César Girón hace arrancar la tradición de la fiesta en 1517 (fecha comprendida ya en los siglos de la modernidad, cierto; pero de la modernidad absolutista, preliberal). Yo estoy convencido, en cambio, de que la fiesta no fue restaurada, sino instaurada por la primera corporación municipal democrática elegida en 1979. ¿Es que no se celebraba antes? Claro que sí, pero su celebración durante el nacional-catolicismo se ajustaba como el guante a la mano.

Y, en cambio, desde la Constitución y el Estatuto la fiesta no encaja, por más que pragmáticos concejales socialistas tremolen el pendón, por si no tremolarlo quitara votos. La fiesta contiene todos los elementos agradables para una de las dos Españas: la que sostiene que somos una gran nación del occidente cristiano, forjada en dos grandes empresas, la Reconquista y la Evangelización de América. La primera de esas empresas en lo universal culminó con la toma de Granada.

Pero hay otra España, la que niega que la Reconquista fuese tal, la que deplora los decretos de expulsión de judíos y moriscos, la que condena el genocidio de los granadinos en la guerra civil del XVI… En positivo, la que a estas alturas del siglo XXI sostiene que España es un Estado constitucional, no tanto una nación de súbditos, excluyente (sobre todo de andalusíes y judíos), sino una constitución incluyente de ciudadanos nacidos libres e iguales. Esta imagen es la que merece al adjetivo liberal. Para el republicanismo, para el patriotismo constitucional, la nación es un territorio simbólico que cada uno elige y donde el Estado no debe entrar: el Mediterráneo, el Mundo, la antigua Grecia, Andalucía Libre o la República Federal Europea son patrias posibles dentro de esa Constitución.

A mis amigos César y Josevi les gusta la Toma porque encaja en su idea de patria. Eso es respetable. Y respetarlo es liberal. Pero eso no significa que la Toma sea liberal, ni republicana, ni conforme al espíritu de la Constitución y al Estatuto. Hay que buscar otra fiesta de la ciudad, porque en esta no cabemos todos.


2 comentarios

Comentario enviado el día 09-01-2009 a las 16:29:23

Por cierto; a mí no me llame usté “liberal”, ¿ein? Como la monja de El Obispo Leproso, que la Valcárcel le dice. “Es usted mala y tonta, señora”. Y responde, toda vinagre: ” A mí no me llame usted señora”.

Autor: JVPascual

Comentario enviado el día 09-01-2009 a las 16:26:49

Querido Serrano, no mezcles churros y porras. No me gusta la fiesta de la Toma, ni que represente mi idea de ?patria? ni que repartan helados. Nunca asistí a la celebración porque las banderas y desfiles jamás me llamaron; no me gusta, como no me gusta el waterpolo ni que el Barça gane la liga. Pero mucho menos me gusta esa actitud de algunos (entre los que nunca vas a estar, deo gratias), fanatizados, encabezonados y convencidos de que la Historia puede enmendarse con decretos y prohibiciones. Los derechos ciudadanos, incluido el derecho a sentirse representado en una fiesta loca, no los otorga la Historia sino la Constitución, como no ignoras. En no siendo anticonstitucional la fiesta, no entiendo esa berrina de muchos. No hay que cabalgar por encima y echar una losa al pasado para tener razón. Me recuerdo firmante del manifiesto que proponía conmemorar oficialmente las Capitulaciones de 1491. Cierto que se perdió una gran oportunidad para establecer bases sólidas de convivencia con el islam. De no haberse extinguido en la península ibérica, sería una cultura distinta a la que conocemos. Como más “metida en verea” y comprometida con el presente y destino de occidente. Utilizo el participio “extinguir” evitando el verbo “expulsar”, que es otro debate. Cabe lamentar aquello pero no rehacer artificiosamente la Historia a gusto y acomodo de quienes expresan otro ideario. Ni la Historia ni las costumbres ni el sentimiento de una ciudadanía se construyen a golpe de decreto. Aprovecho para aclararte que la “instauración” de la fiesta, por muchísimos años desvaída, se emprende con inusitada energía por el cabildo local en 1888, a cuatro años vista del cuarto centenario, ocasión que la burguesía local se tomó a “milenario”, ya me entiendes. Y no te quejes porque esté de acuerdo con César “de pe a pa”. Sabes que a ti te quiero de pa a pe. Un abrazo y recuerdos a la familia.

Autor: JVPascual


 

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