De sinvivires y de cuando noestásenloqueestás

El italiano es una lengua que llama ‘rumore’ al ruido. El francés es la lengua en la que uno piensa cuando dice libertad (no es lo mismo “liberté” que “freedom”) o república (no es lo mismo “republique” pronúnciese ‘guepiblik’, que “Bundesrepublik”) y el alemán es admirable porque atornilla palabras, prefijos y sufijos como si fuesen piezas de un meccano. El español en cambio es una lengua terrible que no permite atornillar casi nada. Con las excepciones conocidas de ‘correveidile’, ‘bienestar’ y ‘malestar’, poco más se puede pegar en nuestra lengua.

Estrés navideño

Hace años pasé un otoño en el medio oeste norteamericano. Me invitó un profesor amigo que había mandado construir una gran casa de madera a las orillas del río Ohio. Habría sido más feliz todavía en aquellos bosques de colores impensables, si mi anfitrión no me hubiera advertido tanto acerca del hombre que vivía en la casa más próxima: era un antiguo militar pendenciero, con el equilibrio perdido en la guerra del Vietnam y propietario al parecer de un verdadero arsenal. Un día, apenas había comenzado noviembre, me alarmé porque vi al vecino subido en una escalera, instalando una gran…

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Tres escenas granadinas

Un coche con matrícula alemana sube muy despacio por la Carrera del Darro. Son las cinco de la tarde, es sábado y cientos de paseantes disfrutan del paseo en tarde soleada. La luz vespertina de diciembre crea una gama impresionante de colores sobre el río. El puente roto saca toda su magia y la orilla izquierda anuncia que pronto se convertirá en un belén de musgos, sueños y orientes. El conductor del coche alemán y su acompañante que lleva un plano desplegado sobre las rodillas bajan la cabeza para ver las torres de la Alhambra. El gesto del turista es…

Famosos

Estos días veo la televisión. Estoy tan exhausto después del trabajo de los últimos meses que de día resuelvo mil asuntos pendientes y de noche me acomodo en el sofá ante el televisor. Como casi todo el mundo. ¿O no? Por eso me siento tan bien. Me siento parte de una comunidad de televidentes que debe ser la comunidad de los normales. Por supuesto, los programas que más me gustan son los del corazón. Podría seguir un documental sobre las serpientes, la navegación en el siglo XII, o las técnicas arquitectónicas egipcias pero no lo hago, porque para eso está…

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El dios de las palabras

Estábamos entre amigos y era una noche cordial de vino e invierno. “Con las palabras –dijo de pronto el nuevo–, el hombre describe el mundo. Así que brindemos por las palabras”. Brindé, pero como estos días estoy revuelto y aforístico, no pude callarme. Le solté que estoy convencido de que, en realidad, el mundo y el hombre son una función de las palabras. Pareció interesarle mi opinión. Pero mi mujer ya me pedía con la mirada que me callara. Mis más viejos amigos comenzaron a irse a la cocina.

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Teodicea de Granada

Desde Leibniz, la pregunta central de la teodicea es que cómo es posible el mal en la bondad infinita de Dios. Leamos a quien leamos, desde los geógrafos más antiguos, hasta Bosque Maurell, desde Münzer hasta Ganivet, o desde Justino Antolínez y Francisco Bermudo hasta Juan Mata y Álvaro Salvador, la pregunta central sobre Granada es una trasposición de la teodicea: ¿cómo son posibles tantas atrocidades en una ciudad tan bella como Granada?