Ética antinavideña

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La Navidad, fiesta nacional de un imperio infantilizado, no es un tiempo, sino un discurso moral.


Es lícito odiar el espíritu navideño, pero la primera instrucción de un manual para sobrevivir con dignidad a la Navidad diría justo que hay que tener cuidado con la elección del enemigo odioso, porque quien odia se convierte en esclavo de lo odiado. De otra manera: es mejor que pongas un nacimiento en tu casa (el árbol ya es demasiado) y que admires las imitaciones del arte barroco napolitano. Si te empeñas -como acaba de ocurrir- en retirar los belenes de las aulas de los institutos públicos, serás víctima de un coro de gentes clericales y felices, oscuras y navideñas, que de otra forma pasarían un par de años sin poder hablar de nada, bien porque no tienen nada de lo que hablar, bien porque les daría vergüenza hablar de lo que quisieran hablar.

 

Es humano -esta es la segunda instrucción- disfrutar con el sufrimiento ajeno. Pero el que sabe que el sufrimiento del otro sólo es el preludio del propio, más que humano es ciudadano. La república es justo eso: la gestión del sufrimiento de uno como asunto público. Pero ese uno jamás debe sentir que su dolor es público. El hábito del llanto sólo es miserable cuando es público. Luego los pedigüeños navideños -esta rima cacofónica no puede ser casual- son unos miserables. Parece una paradoja. A lo mejor se puede decir de otra manera: quien en Navidad intenta convencernos de que lo público depende de la ética individual y no de la política económica es un miserable. Y quien se lo crea, un idiota.

Lo peor del amor -esta es la tercera instrucción- no es que no te quiera quien tú quieres que te quiera, sino que (además) te quiera quien tu querrías que no te quisiera. El amor navideño es la propuesta de que te quiera quien tú no quieres que te quiera. Parece un trabalenguas. A lo mejor se puede decir de otra manera: hacer el bien a tu enemigo es una forma de vanidad. Si tu enemigo te mira bien en Navidad, llámalo vanidoso.

Última regla: si una regla no se puede violar, entonces no es regla. Pero esto que acabo de escribir también es una regla, luego se puede cumplir siempre. Otro circulo vicioso. A lo mejor se puede decir de otra manera: feliz Navidad.


 

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